Cuadros de una Exposición.com
Cuadros de una Exposición.com

FUNDACIÓN MAPFRE (Casa Garriga Nogués – Barcelona)

 

RENOIR ENTRE MUJERES:

DEL IDEAL MODERNO AL IDEAL CLÁSICO

Colecciones de los museos d’Orsay y de l’Orangerie

 

EL ALIENTO DEL IMPRESIONISMO

Hacer una crítica de Renoir a estas alturas de la película, puede parecer una sandez, puesto que se ha escrito y expuesto mucho. Es más, en el otoño del 2016, tanto Madrid como Barcelona exhiben obras del gran maestro francés, bajo diferentes conceptos expositivos.

 

No obstante, visitar, contemplar y apreciar la obra de Renoir al margen de las imágenes y de los libros, es una sensación de emotividad extrema. Tener al alcance de la mirada, y casi del tacto la luminosidad, sensibilidad y exquisitez del gran maestro francés, que supero con su pasión creadora su artrosis deformante, es todo un acontecimiento para los visitantes de exposiciones, y un placer sublime para los amantes del arte.

Y evidentemente, Fundación Mapfre sabe contentar al público que busca conocer y profundizar en la historia de esta faceta de las humanidades, con exposiciones como la que ocupa este artículo: Renoir entre mujeres. Del ideal moderno al ideal clásico. Colecciones de los museos d’Orsay y de l’Orangerie, muestra en la que además el público catalán tiene la gran oportunidad de contemplar una de las obras más significativas, y quizás más emblemáticas del gran maestro francés: Bal du Moulain de la Galette.

 

Una exposición con más de 70 piezas, en la que no sólo consta la obra dedicada a la mujer de Pierre Auguste Renoir (1841-1919), sino que también rinde homenaje a los pintores catalanes que desarrollaron su carrera en el París de finales del siglo XIX y que llevaron a sus lienzos los edificios y la atmósfera del Moulin de la Galette. Artistas como Santiago Rusiñol, Ramón Casas, Carles Casagemas y Manuel Feliu de Lemus se inspiraron en el mítico rincón de Montmatre como reflejan algunas de las obras expuestas. Estas obras han sido cedidas por coleccionistas e instituciones que han querido sumarse generosamente a este  proyecto, pensado específicamente para Barcelona.

PIERRE AUGUST RENOIR - Yvonne et Christine Lerolle au piano [Yvonne y Christine Lerolle al piano], ca. 1897-1898 Óleo sobre lienzo, 73 × 92 cm Musée de l’Orangerie, París.

La exposición se complementa además con algunas obras de Vincent Van Gogh, Maurice Denis, Edgar Degas, Pierre Bonnard, Pablo Picasso, Aristide Maillol y Richard Guino en las que se aprecian semejanzas, influencias y colaboraciones entre Renoir y los artistas coetáneos.

 

Cuadros de una Exposición.com destacó en la crítica realizada la muestra El triunfo del color - con la que Fundación Mapfre aterrizó en Barcelona a finales del 2015-,  con referencia al Impresionismo y el nacimiento del mismo: “Es necesario recordar que el Impresionismo y el Post-impresionismo son una reacción técnica, por lo que es preciso buscar sus precedentes desde este punto de vista de la materialidad pictórica, destacando también como la evolución en la industria de materiales,  proporcionó estos nuevos conceptos, ya que aparecieron los primeros tubos de pintura de forma industrial, que evitaban el moler los pigmentos, y permitieron los juegos lumínicos tan identificativos del Impresionismo”.

PIERRE AUGUST RENOIR - Alphonsine Fournaise, 1879 Óleo sobre lienzo, 73,5 × 93 cm Musée d´Orsay, París.

Ha sido necesario recordar de nuevo este párrafo, porque sin el mismo no puede entenderse la innovación y la experimentación que supuso el Impresionismo, y Renoir, como máximo exponente del mismo, que además fue el más comercial de los maestros de este estilo pictórico. Se inició en este trabajo como pintor de porcelana, y una vez instalado en París se dedicó a la pintura de estores.

 

Los inicios de Renoir, así como del Impresionismo no fueron nada fáciles.  La crítica trató a los Impresionistas con ironía, rechazo y desprecio: “¡que alguien le explique al señor Renoir que el cuerpo de la mujer no es una masa de carne descompuesta, con manchas de color violeta verdoso!” proclamó un periódico. A los pintores no les iban muy bien las cosas, sobre todo, a los que no eran funcionarios ni, como Cézanne, podían recurrir al patrimonio familiar, dado que el público no pensaba comprar esos cuadros, por rechazo a la novedad. Por eso, Renoir tardó mucho tiempo en dejar su oficio de pintor de porcelana y decorador, para dedicarse al “arte”. De hecho, el mismo se definía como artesano, también cuando estaba ante el caballete. 

PIERRE AUGUST RENOIR - Retrato de Madame Paul Bérard (1879) -Óleo sobre lienzo - 49,5 x 40 cm. (Musée d'Orsay.París)

Como continuación a las vicisitudes que el artista tuvo que superar, en la década de 1870, redujo sus necesidades al mínimo, hasta tal extremo que su alimentación durante este periodo consistía en alubias y lentejas que cocinaba en un hornillo de su taller. La venta inesperada de uno de sus cuadros en 1875, le permitió alquilar dos habitaciones en la rue Cortot, 12, en la colina de Montmatre, así como un antiguo establo que utilizó como taller.

 

Fue uno de los pocos artistas, cuya técnica, obediente tan sólo al espíritu, se enriqueció y se simplifico constantemente. Su temperamento de fogoso colorista, siempre permaneció acorde con su talento juicioso. Sus cuadros más juveniles manifiestan la influencia de Courbert, de cuyo recio realismo pronto se separó  - puede apreciarse en la obra retrato de la Esposa de Paul Bérard, de 1879, mientras que un año después, su Mujer con gorguera blanca, ya define el estilo que caracterizará todo el abanico femenino de Renoir -, para evolucionar con rapidez hacia su propia marca de identificación artística.

PIERRE AUGUST RENOIR - Mujer con gorgera blanca (1880) - Óleo sobre lienzo - 46 x 37,7 cm. (Musée d'Orsay. París)

Su dibujo añade un dulce redondeamiento a las formas femeninas principalmente, su color es como una explosión floral, su composición responde a un feliz ritmo y su visión de la desnudez de las mujeres, evidentemente muy influenciada por Rubens y Tiziano.

 

Técnicamente, la obra de Renoir se enmarca dentro de una pincelada muy fluida. Por lo general, las capas de pintura son finas y están compuestas a base de amplios trazos. En los rostros femeninos, se aprecia una tonalidad cálida en la piel y en el cabello.

 

No obstante, se tratan de características técnicas. Si observamos la mirada de la mayoría de sus efigies y figuras femeninas, veremos siempre ausencia, distancia, a veces frialdad y en las más de las ocasiones, mirada perdida, abstraída en pensamientos de carácter triste. Un curioso contraste con su colorido y luminosidad.

PIERRE AUGUST RENOIR - Étude. Torse, effet de soleil [Estudio. Torso, efecto de sol], ca. 1876 Óleo sobre lienzo, 81 × 65 cm. (Musée d´Orsay, París).

 

 

Si en sus retratos el rostro es bello y la mirada apartada, sus figuraciones femeninas, especialmente sus desnudos son voluptuosos, sensuales, vibrantes. La dama de rostro distante se transforma en una mujer extremadamente carnal, y en sus rostros no se aprecia distancia sino picardía, atrevimiento… ofrecimiento. No hay altivez ni elegancia; hay realidad y deseo.

PIERRE AUGUST RENOIR - Maternité, L'enfant au sein ou Madame Renoir et son fils Pierre [Maternidad. El niño al pecho o La señora Renoir y su hijo Pierre], 1885 Óleo sobre lienzo, 92 × 72 cm. (Musée d´Orsay, París).

 

 

 

Sus maternidades no son ni virginales ni etéreas. Son igualmente carnales, y en las mismas se aprecia  el mismo distanciamiento de las mujeres elegantes.  No son maternidades idealizadas sino demasiado reales. Tal vez por su propia experiencia como padre, Renoir presenta a la mujer que amanta, o que juega con el niño,  de forma sencilla, pueblerina, incluso podría decirse que tosca en el posado, como si el hecho de dar a luz fuera contemplado por el pintor como algo solo para clases trabajadoras.

PIERRE AUGUST RENOIR - Rosas espumosas (1890) - Óleo sobre lienzo - 35,5 x 27 cm. (Musée d'Orsay. París)

En sus paisajes, Renoir resulta alegre, vital, colorista. Siempre presente la eterna primavera o un sosegado verano. La pincelada es ligera, fluida y equilibrada. El color vibrante y el juego lumínico radiante.  En  sus floreros, sin lugar a dudas, hay luz y color, pero no hay romanticismo. Son solitarios ramos de flores, o incluso de frutas, que simplemente sirven de entretenimiento, y de ensayo para futuros temas. De hecho, George Rivière, amigo del pintor, recogió la opinión del mismo con respecto al lugar que ocupaban las flores en su pintura: “Pintar flores me relaja. No tengo la misma tensión que cuando estoy cara a cara con una modelo”

PIERRE AUGUST RENOIR -Agua o la gran lavandera arrodillada - Escultura de bronce (1917) - 123 x 69 x 135 cm. (Musée d'Orsay. París)

La exposición también recoge una serie de esculturas en las que Renoir realizaba el boceto y el escultor Richard Guino llevaba al bronce, al yeso o el mortero policromado. Unas piezas, especialmente las de bronce, de una vehemencia absoluta, donde no hay lugar para idealizaciones, sino para realidades contundentes, como si se tratase de una idolatría a la feminidad real, sin elegancias, y algunas de ellas, tremendamente carnales, sin escatimar un sentido erótico para nada insinuante, sino terriblemente explicícito.

 

Muy interesante resulta en esta muestra, la exhibición de obras de otros autores, contemporáneos de Renoir, lo que permite o bien la “odiosa” comparación, algo no aconsejable, o bien la amplia visión de cómo los estilos pictóricos se entremezclaban. Como la diversidad de conceptos estéticos eran aplicados, en un periodo histórico de cambios sociales, y en una época artística en la que se empezaba a entrever la revolución de las vanguardias del siglo XX. Así, conviven con el maestro francés, Julios Leblanc Stewart, Pablo Picasso, Henri Edmond Cross o Pierre Bonard, Van Gogh, etc, que ya han sido mencionados con anterioridad.

PIERRE AUGUST RENOIR - Bal du Moulin de la Galette [Baile en el Moulin de la Galette], 1876 Óleo sobre lienzo, 131,5 × 176,5 cm. (Musée d´Orsay, París)

Bal du M0ulin de la Galette

 

La pieza estrella de la muestra es el popular Moulin de la Galette, un local de baile muy popular, en el que se daban cita las costureras y los obreros de París. Bailaban valses, charlaban y disfrutaban del sol y de la tranquilidad en la colina de Montmatre.

 

Cien años antes, giraban allí las aspas de treinta molinos de viento, pero en la época de Renoir, no había nada que moler.  Desde entonces, los molineros de Montmatre vendían vino a los caminantes sedientos. Los Debray también preparaban las “galettes”, que daban nombre a los molinos, una especie de pastel plano delicioso, gracias a la harina que ellos mismos molían.

 

En la obra se observa  como Marguerite Legrand, llamada Margot, que baila con un pintor de origen español, llamado D. Pedro Vidal de Solares y Cárdenas. Este artista se había obsesionado con llegar a ser un auténtico parisino, y Margot le daba clases de argot de los bajos fondos. Georges Rivière, del que ya se ha hablado, tenía un empleo totalmente burgués. Se le reconoce en el cuadro por el sombrero de paja y el vaso de granadina, un sirope de granada con agua.

RAMON CASAS - Interior del Moulin de la Galette (1890-91) - MNAC

El Bal du Moulin de la Galette aporta, como en toda la obra de Renoir, alegría de vivir. Parejas bailando animadamente. Hombres y mujeres conversando distendidamente.

 

La realidad era  muy distinta. Muchas mujeres no tenían pareja.  En la segunda mitad del siglo XIX, muchas de ellas encontraban trabajo en la industria textil y de la confección, a raíz de la introducción de la maquinaria. La mecanización redujo los costes de producción, por lo que los artículos de moda llegaron a ser asequibles a las clases humildes, pero los sueldos eran bajos, lo que incidía en una mala alimentación y problemas derivados de las largas jornadas laborales.

SANTAIGO RUSIÑOL - Grand Bal (1891) - Colección Masaveu. Oviedo

 

 

Es interesante, pues, que Fundación Mapfre haya contrastado la alegría de vivir del Moulin de Renoir con la realidad triste, austera, e incluso oscura que presentan Rusiñol, Casagemas o Ramon Casas. Un Montmatre en tonos oscuros,  soledades  punzantes,  luminosidades tenues y en colores amortiguados. También se observa una plasmación estética y una composición acorde con el momento que vivieron los citados pintores.

PIERRE AUGUST RENOIR. Caballetes y Poleas. Primera década del siglo XX.

 

Finalmente, destacar que la muestra presenta un orden cronológico, lo que permite apreciar en buena parte las dificultades que tuvo Renoir durante la mitad de su vida con la artrosis degenerativa que padecía, y que le obligo a ingeniar formas muy peculiares para poder crear sus obras: caballetes con poleas y pinceles atados a sus manos deformadas fueron algunos de los ingenios que tuvo que emplear Renoir para poder continuar su tarea artística.

PIERRE AUGUST RENOIR - Les baigneuses [Las bañistas], 1918-1919 Óleo sobre lienzo, 110 × 160 cm. (Musée d'Orsay, París).

Pero esto no le impidió, según dijo su nieto,  seguir pintando más de 400 pinturas, periodo en el cual tampoco dejo de viajar y liarse sus cigarrillos. También es cierto que la calidad de sus primeras obras, es  muy distinto al de las últimas, especialmente en sus desnudos, más cuestionables en cuanto a nivel y dominio técnico.

 

Una magnífica exposición, que en nada tiene que envidiar a la del Thyssen de Madrid, mucha más escogida ésta, y que como todas las que organiza Fundación Mapfre, va acompañada de un magnífico e ilustrativo catálogo.

 

Marta Teixidó

Crítico de arte

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Marta Teixidó

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PERFIL

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Nacida en Mataró y actualmente residente en Barcelona,  con experiencia en el campo de la archivística y la investigación histórica, realizo críticas de arte a través de este portal, ejerciendo a su vez, la corresponsalía de la revista GAL-ART, para Barcelona y otras poblaciones, así como también colaboro con ARTyHUM, publicación de dicada a las humanidades en general. 

Hasta su cambio de titular, fui  columnista habitual de arte en Tribuna Maresme, periódico de edición mensual de Barcelona y otros medios, además  de haber documentado y confeccionado la descripción de obras para Artinternacional, firma dedicada a la subastas online, y para la cual, en su momento, edité quincenalmente un boletín informativo dirigido a los clientes de la firma y expertos en general.

A SU VEZ, realizo tasaciones online y peritajes para la firma Peritos de Arte.

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Para consultar articulos o comentarios anteriores.

 

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PERE ARAGAY

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Pere Aragay, ha sabido compaginar su profesión con su afición, dando lugar a una obra escultórica y pictórica con la imaginación como herramienta fundamental, el punto de vista como enlace, el mensaje como justificación y la calidad como medio de despertar la admiración, para llegar de esta forma a la creación de unas esculturas que,  tomando como base la geometría,  le permiten erigir una obra de diseño ágil, estilizado y no exento de  sensación de movimiento.

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ARIES SARMIENTO

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Aries presenta unos trabajos con una asombrosa evolución técnica y cromática. Una obra abstracta muy depurada, elaborada – nada se deja al azar – de pincel o trazo amplio,  y en el que en algunas piezas se entrevé el uso de espátula combinada con distintos grosores de pintura.

 

Estamos ante una obra de amplia y variada paleta que desgrana tonos y busca contrastes a través de la mancha. Una mácula altamente creativa y también descriptiva, concediendo importancia al volumen y dejando voluntariamente en el camino, la posible frialdad detalle.

 CARMEN SELVES

RECONDITA ARMONIA

 (...) la temática de sus obras es diversa y llena de singulares matices que evidencian una clara pasión por el arte, y una sensibilidad exquisita para la creación de sus obras, por lo que vale la pena mantener una peculiar conversación con ellas.

 

Cualquier aspecto que implique vida, y con ello quiero simbolizar comedia y drama, ternura y aspereza, simplicidad y complejidad, es visto por Carmen Selves desde una perspectiva real, pero atendiendo a unos criterios muy singulares, donde la idealización es perceptible,  siendo a la vez notorio el deseo de dejar constancia.

EL PAISAJE INTERIOR DE ERCILIO VIDRIALES

 

Y para expresarlo con la magnificencia necesaria, hay en la obra del artista un oficio aprendido de los grandes maestros de siempre, con experiencias que no alteran su condición de autodidacta, que lo han enriquecido, dotándolo de una técnica imprescindible, a la que en muchas ocasiones añade el collage.

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